| Al
navegar en kayak nadie está exento de sufrir un vuelco
cuando las condiciones se dificultan. Esto puede acontecer
por el incremento súbito del viento, del oleaje o bien
por una mala maniobra del tripulante que escora el esquife.
Para los navegantes experimentados la vuelta de campana resulta
un imprevisto más de la remada, pero para la gran mayoría
este incidente supone momentos de zozobra.
Existen maniobras para enderezarse sin abandonar el kayak,
conocidas como roll esquimal o esquimotaje. Estas vistosas
técnicas son consideradas la primera línea de
defensa con que cuenta el tripulante de una embarcación
cerrada. Hay diversas modalidades de roll, aunque las más
sencillas de aprender son la de Pawlatta y el groenlandés
estándar.
Todas las maniobras empleadas se basan en el principio de
utilizar la pala para efectuar un movimiento de barrido por
debajo del agua, con lo cual lograremos un punto de apoyo
que permitirá “adrizarnos”. Los primeros
intentos deben efectuarse en aguas someras de forma tal que
en caso de falla no sea necesario abandonar la embarcación,
lo que supone una dificultad adicional. Lo ideal sería
practicarlo ayudados por un instructor o un amigo experimentado,
y con una luneta de buceo colocada, que facilitará
una mejor visión subacuática. Tanto los canoeros
como los kayakistas pueden efectuar la maniobra, la única
condición es que los tripulantes, al escorar, se encuentren
bien afirmados en el cockpit.
Al momento del vuelco hay que ubicar la pala paralela a la
embarcación, tomando la pértiga con ambas manos
y orientando la cuchara delantera con la parte plana hacia
arriba. El cuerpo debe estar inclinado 45º hacia la proa,
para que durante el adrizamiento descienda el centro de gravedad.
Una vez completado el vuelco y cuidando de no mover la pala
de la posición inicial, hay que comenzar a efectuar
el barrido por la superficie del agua que nos devuelva a la
posición normal. Este movimiento debe iniciarse en
la superficie, ser circular y tener una buena tracción.
A medida que adrizamos trataremos –en primer lugar–
de no levantar la cabeza, ya que puede desequilibrarnos. Lo
primero que debiera salir es la cintura, enseguida el hombro
y finalmente la cabeza.
Observaremos, entonces, que la fuerza de la remada tiende
a elevar el cuerpo hacia la superficie del agua. En ese momento
nos ayudaremos con un golpe de cintura que facilitará
la recuperación. Para que la fuerza de la palada se
trasmita a la embarcación es imprescindible estar bien
trabados en el cockpit: tanto la cadera, como las rodillas
y los pies deben tener una buena sujeción, cuestión
que para los kayakistas no supone un problema porque la estrechez
de los habitáculos impide los movimientos de la cintura.
Para limitar el ingreso de agua es importante emplear cubrecockpits
de neoprene, que resultan más herméticos. Por
lo general, con la ayuda de un instructor lograremos aprender
la maniobra en una o dos jornadas de práctica. Si sumamos
la ejercitación posterior, adquiriremos la seguridad
necesaria para emplear la técnica aun durante un vuelco
imprevisto. Por último, es importante conocer nuestras
propias limitaciones en el manejo de la embarcación.
Como bien lo afirma el experto John Dowd: “Tengamos
presente que necesitar del roll es casi siempre un indicio
de que el oleaje supera nuestra habilidad. Condición
que seguirá vigente cuando podamos lograr adrizarnos”.
Diez claves para lograr un buen roll
1- Contar con la ayuda de un remero experimentado.
2- Asegurarse de poder abandonar el kayak en caso de falla.
3- Usar luneta de buceo.
4- Ejercitarse en aguas someras, de hasta 1,50 m.
5- En aguas frías utilizar trajes antiexposición.
6- Practicar el movimiento de barrido en tierra.
7- Antes de volcar el kayak efectuar un par de hiperventilaciones.
8- Realizar al menos dos nuevos intentos si falla el primer
roll.
9- Trabarse bien dentro del habitáculo.
10- Practicarlo por ambos lados.
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